DONDE ESTAMOS

DELTA DEL EBRO

Nuestro radio de acción son las tierras del Ebro, concretamente el delta del Ebro.

A las  Tierras del Ebro podrás encontrar en pocos kilómetros a la redonda dos parques naturales totalmente diferenciados entre ellos, el Parque Natural del Delta del Ebro y el Parque Natural dels Ports, y toda la producción agroalimentaria artesanal y de calidad que configura la auténtica dieta mediterránea.

Además su río ha dado vida a la historia, desde los Íberos pasando por romanos, musulmanes, judíos, caballeros Templarios, hasta las cruentas batallas de la guerra civil, que lo convierten sin duda en un lugar único para visitar.

El delta del Ebro presenta unas características fisicoquímicas diferentes y cambiantes, resultantes de la confluencia de dos medios tan opuestos como el marino y el continental, lo que ha determinado que este espacio, relativamente reducido, reúna una diversidad de ambientes que hacen de este humedal una zona de interés internacional.

MENÚ

Los orígenes del Parque datan de la movilización popular que tuvo lugar en Deltebre el 26 de junio de 1983 en contra de unas desecaciones que se habían realizado en el conjunto lacustre de El Canal Vell y por el peligro que esto conllevaba para la balsa de desecarse y convertirse en arrozales.

La movilización y la ocupación pacífica de El Canal Vell por parte de los ciudadanos de Deltebre sorprendieron a la opinión pública de la época, ya que no era habitual que un pueblo se movilizara por la conservación de sus espacios naturales. Hay que tener en cuenta que, en aquel período, no se tenía la concienciación actual sobre la conservación de los ecosistemas ni tampoco sobre el atractivo turístico que tendrían los espacios naturales bien conservados, y mucho más aquellos tan especiales como el Delta.

Exactamente 39 días después de la movilización y como consecuencia de una serie de intensas negociaciones entre el Ayuntamiento de Deltebre y la Generalitat, el 4 de agosto de 1983 se publicó el Decreto del Parque Natural del Delta de l’Ebre, que en primera instancia solo protegía los espacios naturales del margen izquierdo del río. Dos años más tarde, el Decreto 332/1986 hacía extensiva la protección a las zonas naturales del margen derecho del Delta.

El Parque Natural del Delta del Ebro se encuentra en la desembocadura del río Ebro, en la provincia de Tarragona, en las comarcas del Montsià y del Baix Ebre, en la parte más meridional de Cataluña. Se declaró espacio protegido en 1983, y ampliado posteriormente en 1986 con una extensión de 7.736 hectáreas.

Está situado en los términos municipales de L’Ampolla, Amposta, Camarles, Deltebre, San Carlos del Valle y San Jaime.

El delta del Ebro es la zona húmeda más grande de Cataluña y una de las más importantes de la Europa Occidental, después del parque regional de la Camarga en Francia y el Parque Nacional de Doñana en el sur de España, con sus 320 km2 de superficie, presenta una rica diversidad de ambientes. Río, mar, bahías, playas, dunas, saladares, bosque de ribera, lagunas costeras, islas fluviales y colmillos conforman su paisaje natural, y, junto con los arrozales, acogen una gran diversidad de organismos (pájaros, peces, reptiles, anfibios, invertebrados …) adaptados a los diferentes hábitats.

Esta riqueza biológica contrasta con la profunda presencia humana. A fin de hacer posible la armonía entre los valores naturales y su explotación por parte de la población, ya instancias de sus habitantes, la Generalidad de Cataluña constituyó en 1983 el Parque Natural del Delta del Ebro (7.802 ha ).

La singularidad del Delta se expresa por su realidad física, geográfica, natural y, también, por sus particulares tradiciones, la cultura, el patrimonio arquitectónico y la historia.

Las zonas húmedas, como el delta del Ebro, son entornos muy productivos de los que innumerables especies de plantas y animales dependen para su supervivencia. Los humedales desarrollan muchas funciones vitales, tales como el almacenamiento de agua, la protección contra los temporales, la estabilización de la costa, el reciclaje de nutrientes y contaminantes, etc. A la vez que también ofrecen beneficios económicos a las comunidades locales por medio de la explotación tradicional de sus recursos naturales, mediante la pesca, la caza, la agricultura, la ganadería, las salinas, y, más actualmente, el turismo.

En el caso del Delta, la confluencia del medio marino y continental, da lugar a una elevada diversidad de especies de peces (unas 50). Referente al grupo de las aves, en el Delta han citado más de 360 ​​especies y reúne algunas de las colonias de cría de aves marinas más importantes del Mediterráneo y está incluido en la zona de especial protección para las aves (ZEPA ) y la Lista de humedales de importancia internacional (Ramsar) el 26 de marzo de 1993.

En el Delta, las altitudes por encima del nivel del mar no sobrepasan nunca los 5 metros. A pesar de este escaso relieve, la riqueza en comunidades vegetales es considerable. Destacan: los sosales, los cañaverales, los dunares, y el bosque de ribera, única formación forestal de la zona y muy dañado por la acción humana.


Fuente: Parque Natural del Delta del Ebro

Casi podríamos afirmar que historia e historia natural son el Delta una misma cosa. La población y el aprovechamiento de los recursos de la llanura deltaica han ido siempre a remolque de su metamorfosis constante. Más tarde, la introducción de los canales para riego significaron el impulso principal. La privatización de las tierras no fue, sin embargo, equitativa.

La continua progresión de la línea de costa, las sucesivas gargantas del Ebro y los puertos resultantes, la ampliación de la superficie con nuevos recursos para caza, pastoreo, salinas, recolección de barrilla y regaliz, la formación de balsas con más posibilidades de pesca o exportación de sanguijuelas, los canales de navegación que irremisiblemente debían ser para riego y, finalmente, la progresiva ampliación de una extensa red hidráulica fueron los factores decisivos del periódico asentamiento del hombre, la mujer y sus niños ocupante y transformando con sacrificio gigantesco el delta del Ebro. La ayuda de los animales de carga fue imprescindible, y aunque se les admira hoy en día. De este modo se ha cumplido la gradual historia del Delta, ligada en torno a la familia, máximo motor e institución.

Hay que diferenciar, sin embargo, un primer asentamiento mucho más antiguo que tiene lugar siguiendo la desaparecida línea de costa y una posterior ocupación de la llanura deltaica, a medida que el aprovechamiento de los recursos la hace cada vez más atractiva. Tribus ilercavòniques, romanos y árabes vivieron en tierra firme, ya la edad media los condes de Barcelona conquistan estas tierras y las repueblan gracias a la fiel intervención de los órdenes del Temple y los hospitalarios. Se rehacen torres de vigilancia o se hacen nuevas, dispuestas según el corredor costero donde se fundan los futuros municipios actuales.

A comienzos de la edad moderna, como en el resto del Estado, son expulsados ​​primero los hebreos y luego los moriscos de estas tierras -por puerto de los Alfaques marchan unos 40.000 musulmanes procedentes de Aragón, aunque muchos se refugian aquí y dejan valiosos testimonios. De hecho, el delta del Ebro debe a los musulmanes, entre otras cosas, la construcción y la ampliación del azud de Xerta (1552), de donde más tarde llegan los vivificador canales.

Durante el siglo XVI se edifican nuevas torres de defensa -Torre del Ángel Custodio, torre de San Juan …- a la orilla del mar para el control de la piratería turca. Junto a estas torres también surgen pequeños núcleos de población dentro de la plana, pero es en las orillas centrales del río, más elevados y poco salobres, donde se establecen poco a poco la mayoría de los ribereños. Un ejemplo de ello es la construcción de la primitiva capilla de la Cava (Deltebre), en 1710. Otros núcleos de población surgen junto a las salinas ya desaparecidas, o de los antiguos caminos por donde bajaban los rebaños, trazados por los lligallos, institución medieval que además regulaba los usos y costumbres entre los pastores y las paradas públicas de ganado. El pasto de bueyes y ovejas que, en un principio, caracterizaba el delta del Ebro pasa después a un segundo término.

Un momento clave, desgraciadamente fracasado, es el 1770-1780, cuando Carlos III pretende con el canal de navegación y los planos de «Nueva Población» hacer de la pequeña Ràpita un nuevo núcleo portuario de crecimiento llamado San Carlos de la Rápita.

Pero el gran cambio histórico que propulsa el crecimiento demográfico del delta del Ebro se produce cuando se inicia el riego de las tierras baldías intentando transformarlas en campos de arroz, a pesar del miedo a los mosquitos y el paludismo ( «la pasa »), las catastróficas riadas y otras penalidades. Con la apertura de los canales, seguida de fuertes brotes de paludismo, hasta 1918 murieron unas 3.000 personas.

En cuanto a períodos, por tanto, la divisoria también es muy clara: antes y después de los canales de riego. Esto quiere decir en 1860 para el hemidelta derecho y en 1912 para el hemidelta izquierdo, en el que los primeros canales dan paso a una expansión de tierras de cultivo, seguido de un manifiesto crecimiento demográfico en todo el Delta: los 5.278 habitantes en 1857 se pasa a los 20.013 en 1930!

Antes de los canales, una economía primaria y extractiva, basada en el aprovechamiento de los recursos naturales -pesca, caza, recolección, salinas …-; después de los canales, un intenso aprovechamiento agrícola con reminiscencias del periodo anterior.

Esta mezcla aislada de actividades -pastores, cazadores, pescadores, agricultores o navegants- llevadas combinadamente a cabo por gente venida de todo explica el carácter diferenciado, heterogéneo y abierto de la gente del delta del Ebro. Explica también muchos aspectos culturales, de habla, indumentaria, danza o comidas elaboradas en una síntesis autóctona ya la vez forastera. Los 250 nombres locales para los pájaros -una de las nomenclaturas locales más ricas del mundo- son un buen ejemplo.

Hay que advertir, sin embargo, que el aprovechamiento del delta del Ebro no ha sido equitativo. La marcada diferencia entre grandes propiedades y las innumerables pequeñas explotaciones familiares que han perdurado hasta hoy -el 60% de las más de 3.000 explotaciones arroceras actuales no superan las 4 hay- viene de muy lejos. Ya desde el 1719 con las primeras concesiones reales de latifundios para cosechar la barrilla, junto con las precipitadas desamortizaciones del siglo XIX, que subastaban los «prados baldíos», y las posteriores ventas fáciles a los escasos adinerados son las principales causas de la desigual privatización los terrenos estatales, despreciados antes de los canales. Esto provoca una marcada diferencia en la estructura de la propiedad: una inmensa masa de braceros que con su esfuerzo redimieron la Ribera, y fueron comprando poquito a poquito un trozo de arrozal, donde edificaron la casa -así s ‘explica también el porqué de la población dispersa-, a los dueños que poseían las tierras y vivían más lejos. Sin embargo, la gente del delta del Ebro siempre se han sentido orgullosos de su esfuerzo y de los resultados que ahora todos admiramos: los ilimitados campos de arroz.


Fuente: Parque natural del delta del Ebro

El origen del delta del Ebro hay que buscarlo justo en el momento en que el río Ebro, el más caudaloso de la Península Ibérica y responsable de este entorno, aporta los materiales arrancados a lo largo de su recorrido para depositarlos aquí, en la conjunción con el Mar Mediterráneo, atravesando el extremo SW de las Montañas Cataladíniques. Los sedimentos son, por tanto, los materiales provenientes de los Pirineos, del sistema Ibérico y de la cordillera Cantábrica, lugar donde nace el río y sus afluentes. La cantidad de materiales sedimentados han creado una extensa llanura aluvial de más de 320 km² de superficie que se proyecta cerca de 22 km dentro del mar en forma de cuña y en la que se han formado numerosos hábitats. Las grandes centrales hidroeléctricas han creado grandes presas que han frenado el crecimiento del delta.

La actual forma del delta es triangular con dos flechas menores, una al norte y otra al sur, que delimitan las bahías del Fangar y de los Alfacs. El río atraviesa el Delta por el centro y desemboca en el mar en dos brazos que rodean la isla de Buda. El brazo sur (garganta de Migjorn) se cierra periódicamente, aunque cuando el río baja fuerte puede volverse a abrir. El brazo norte se subdivide en uno superior permanentemente abierto y uno central permanentemente cerrado. Ambos limitan la isla de San Antonio. Esta configuración del delta no ha sido siempre así, ya que es un sistema dinámico, vivo, que a lo largo del tiempo ha adquirido diversas formas y ha sufrido modificaciones en la trazada de los brazos del río y en el número de éstos. El del Ebro es un ejemplo de delta donde se puede constatar tanto la influencia de las aportaciones fluviales como los procesos marinos costeros. El río Ebro es de una gran irregularidad en la descarga de sedimento, ya que experimenta grandes crecidas y pasa por períodos de estiaje muy marcados.

Los temporales de levante y los procesos costeros intervienen y han intervenido en gran manera en la evolución deltaica, y por ello el perfil del delta ha ido variando con el tiempo. El verdadero desarrollo del delta actual se inició al final de la última glaciación, cuando el nivel del mar ascendió hace unos 18.000 años, momento en que el nivel del mar se encontraba a unos 120 m por debajo de la actual. El ascenso eustático (periodo glacial Würm) del nivel del mar, asociado al calentamiento general del planeta, la ha hecho llegar a la configuración actual.

Es tiene constancia que en el siglo XII el delta ya penetraba mar adentro. En el siglo XV del Ebro tenía tres desembocaduras -la norte, la de levante y la de migjorn- que desaguaban respectivamente a la laguna de las Ollas, en la desembocadura norte actual ya la laguna de la Platjola. En los siglos XVII y XVIII el río continuaba teniendo tres desembocaduras y ya se estaba formando el Cuerno, si bien era de menos extensión que la actual. El cierre de las bahías durante los siglos XVIII y XIX formó las lagunas litorales del Canal Viejo, la Encañizada y la Cerrada, y la saeta litoral norte del Fangar. Esta evolución configuró el actual delta que es el único perfectamente establecido los Países Catalanes y de toda la península Ibérica. Así, las lagunas litorales son restos de antiguas desembocaduras o del cierre de bahías. Las actuales flechas litorales podrían cerrarse y las bahías del Fangar y de los Alfacs podrían transformarse en lagunas litorales que posteriormente se irían llenando. De todas formas, y tal como se ha dicho antes, la construcción de embalses río arriba ha provocado una disminución notable de la aportación de sedimentos, que se han reducido hasta el 15% de los aportados en 1935 y el 1% los aportados a principios del S.XX., lo que puede modificar determinadas tendencias de crecimiento de este delta que el río se encarga de agrandar y el mar de erosionar.

Durante buena parte del Paleógeno y del Neógeno, la cuenca del Ebro conformó un sistema endorreico, cerrado en el Mediterráneo. La apertura de la cuenca terciaria del Ebro fecha de unos 5,3 millones de años. Las primeras evidencias geológicas corresponden a la presencia de los primeros conglomerados poligénicos de origen fluvial en el tramo inferior del valle del Ebro y en la finalización de la sedimentación evaporíticos en la cuenca terciaria del Ebro. Los sedimentos correspondientes al plioceno medio y superior (aproximadamente de unos 3,5 millones de años) ponen de manifiesto una primera progresión costera ligada al río Ebro. El delta pliocénicos debía tener una extensión igual o superior a la actual, tal como muestran las secuencias estratigráficas obtenidas a partir de los sondeos petroleros cercanos a la costa del delta. Algunos estudios recientes sugieren que los procesos deltaicos han tenido continuidad a lo largo de todo el cuaternario, comprendiendo los últimos 1,8 millones de años. Sin embargo, durante el periodo holocénico se produjeron cambios en la localización y en la superficie de tierra emergida causados ​​por las variaciones del nivel del mar asociadas a las fluctuaciones glaciares.

La característica alternancia climática del Holoceno (glacial-interglacial), con las consiguientes variaciones cíclicas del nivel del mar, determinó la alternancia de períodos deltaicos progradatius y regresivos. El máximo Hasta tiempos recientes, la hipótesis más aceptada para explicar el desarrollo de la actual delta durante el Holoceno superior partía de una situación inicial con una costa de tipo actuario, como producto de la inundación en el último ascenso eustático del mar. En otro caso, una reconstrucción más documentada del desarrollo deltaico durante los últimos tres milenios muestra que en el Holoceno superior el delta del Ebro ya debía tener una considerable extensión y sugiere que el frente deltaico sobrepasaba la actual isla de Gracia). A partir del último milenio, los datos cartográficos son más abundantes y permiten una reconstrucción mucho más cuidada. Durante los siglos VI y X, tuvo lugar el máximo desarrollo del lóbulo meridional (Riet Vell), el cual probablemente alcanzó una penetración máxima de unos 25 km mar adentro. El primer mapa que cubre esta área se publicó en 1580 (Atlas de Mercator-Hondius) y muestra claramente el importante desarrollo del lóbulo septentrional (Arroyo de la Saida). El abandono del lóbulo meridional tuvo como consecuencia directa el retroceso de la línea litoral de este lóbulo, así como también la formación de la punta del Cuerno y la barra del Trabucador, proceso que se prolongó durante los siglos posteriores. Hacia el año 1700, cuando el lóbulo septentrional ya había alcanzado el máximo desarrollo, tuvo lugar un nuevo cambio de desembocadura cerca de la actual población de la Cava. Este cambio, posiblemente favorecido por el hombre, provocó el relleno de la bahía que había entre los lóbulos meridional y septentrional, así como el desarrollo del lóbulo central. Los mapas de los siglos XVIII-XIX muestran la rápida progresión del lóbulo central, la génesis de la punta del Fangar (producto del abandono y la erosión del lóbulo septentrional) y la remodelación de la punta del Cuerno.

Finalmente, durante los siglos XX-XXI se ha producido una relativa estabilización de la morfología deltaica, causada en buena parte por las modificaciones hidrológicas realizadas por el hombre en la cuenca. El desarrollo del delta del Ebro durante el último siglo está determinado por dos hechos: la apertura en 1937 de una nueva desembocadura (garganta de Sorrapa) y el incremento del número de embalses en la cuenca del Ebro, que retienen cerca del 99,9% del transporte de sedimentos del río. La apertura de la garganta de Sorrapa ha provocado la formación de la laguna del Garxal. Por otra parte, el balance sedimentario negativo existente en la garganta de Levante ha ocasionado el retroceso de la línea de costa al cabo de Tortosa, medido en unos 1.500 m durante el periodo 1957-89, es decir, unos 70-80 m año-1.

Durante el siglo XX se han construido unos 200 embalses en toda la cuenca del Ebro, lo que ha provocado la retención de aproximadamente el 99,9% de la descarga sólida que llevaba el río a finales del siglo XIX y una disminución de la frecuencia y la magnitud de las riadas. Las consecuencias de este cambio se expresan en dos tipos de déficit sedimentario:

a) déficit en el ápice del lóbulo actualmente activo (garganta de Sorrapa).

b) déficit en la llanura deltaica.

El déficit sedimentario a la actual desembocadura ha conducido a una parada del crecimiento del delta en esta zona, área en la que se debería producir el máximo desarrollo en condiciones naturales. En esta situación, las fuerzas marinas prevalecen sobre los impulsos constructivos fluviales y el contorno deltaico va tomando progresivamente un nuevo perfil de equilibrio, regido principalmente por las condiciones de oleaje. Dado que el balance sedimentario actual de arenas es nulo (considerando globalmente todo el delta), no se produce una pérdida de la superficie total emergida, sino una redistribución de los sedimentos litorales. En este sentido, se pueden identificar áreas regresivas, las cuales son compensadas por un crecimiento en otras zonas, sobre todo en las flechas litorales (punta del Fangar, punta del Cuerno).

Otro efecto importante de los embalses es la laminación de las avenidas fluviales, lo que provoca una disminución de los aportes sedimentarios sobre el conjunto del delta. Este déficit sedimentario en sentido vertical hace que el balance entre la acreción vertical y la subsidencia sea negativo en la mayor parte de la llanura aluvial. La subsidencia es un proceso natural que afecta a todas las zonas sedimentarias y se produce por la compactación, la consolidación y la deshidratación de los sedimentos, así como también, a veces, por el hundimiento tectónico del zócalo sobre el que reposa el cuerpo sedimentario deltaico. En las áreas litorales, la disminución de la elevación del terreno ocasionada por la subsidencia es incrementada actualmente por el ascenso eustático del nivel del mar por efecto del calentamiento climático. En el delta del Ebro, la subsidencia media a lo largo de todo el cuaternario ha sido medida en unos 0,09 hasta 0,3 mm año-1. Para periodos más cortos (últimos cientos de años), la tasa aumenta hasta una media de 3,2 mm año-1. Otras estimaciones a plazo más corto (decenas de años) dan valores comprendidos entre 3 y 6 mm año-1, en las zonas más modernas, y entre 1 y 2 mm año-1, a las más antiguas.

Actualmente podemos distinguir en el delta del Ebro tres tipos de ambientes sedimentarios: la llanura deltaica, los ambientes litorales y los ambientes marinos.

La llanura deltaica comprende la mayor parte de las tierras emergidas e incluye dos tipos de medios sedimentarios: los ambientes fluviales y los ambientes lacustres y palustres. Los primeros están representados por los canales fluviales y las motas naturales que los bordean (levas), formados por arenas de granulometría media y por limos. Los ambientes lacustres y palustres se localizan en las zonas húmedas regularmente o permanentemente inundadas, en general asociados a las masas de agua de las lagunas litorales, marismas y colmillos.

Los ambientes litorales y de transición son ambientes sedimentarios de influencia fluvial en los que se produce un retreballament, más o menos intenso, de los sedimentos por parte de los agentes marinos (oleaje y temporales). Estos ambientes están representados básicamente por el frente deltaico, formado por las barras arenosas en forma de media luna y asociadas a la progradación deltaica, cerca de la actual o de las antiguas desembocaduras. Los materiales que las forman presentan una granulometría bastante homogénea, básicamente arenosa. Las playas, las barras litorales y las flechas son formaciones litorales holomarines, originadas a partir del frente fluvial deltaico, las cuales son remobilitzades por el mar, o bien a partir de la erosión de los antiguos lóbulos deltaicos.

Los ambientes marinos se pueden clasificar en ambientes de bahía, de prodelta y de plataforma.

El ambiente de bahía se desarrolla en las masas de agua marina que quedan confinadas por las flechas litorales, aunque quedan conectadas ampliamente con el mar abierto por gargantas permanentes.

El ambiente de prodelta se localiza en los ambientes sumergidos litorales y constituye la transición entre los sedimentos fluviomarins y los marinos. Está formado principalmente por materiales terrígenos hasta con un notable contenido de materia orgánica de origen terrestre.

El ambiente de plataforma continental se localiza en mar abierto, a una profundidad superior a los 100 m, y es un ambiente sedimentario relicto, asociado al último descenso eustático postglacial.

Font: Web parc Natural del Delta de l’Ebre

El río Ebro es el eje principal alrededor del cual gira toda la vida del Delta. En los treinta últimos kilómetros de su curso, el Ebro recorre la llanura deltaica hasta llegar a la desembocadura, donde se produce la mezcla entre el agua dulce continental y el agua salada marina. Este fenómeno determina que en este último tramo fluvial se produzca una gradación de la salinidad, que provoca la variación de especies diferentes que se adaptan a las aguas típicamente continentales, de intercambio o propiamente marinas. Este fenómeno tiene lugar también en otros puntos del Delta, como las lagunas y las desembocaduras.

El ecosistema fluvial comprende dos ambientes muy diferenciados: el ambiente ripario, representado por el bosque de ribera, y el ambiente acuático fluvial. La distribución del bosque de ribera se define por la influencia de la salinidad. En la zona más continental, de aguas más dulces, crecen principalmente álamos, olmos, alisos, fresnos, sauces, chopos y mimbreras. En cambio, en la parte en la que la influencia marina se manifiesta abiertamente, el bosque se empobrece y es sustituido por adelfas y tamarices. Sin embargo, este ambiente ha sido transformado casi totalmente por cultivos de huerta y actualmente solo encontramos vestigios de este en la isla de Gràcia, la isla de Buda y, sobre todo, en la isla de Sapinya.

El ecosistema acuático es un ambiente muy rico que conserva densas poblaciones de fitoplancton, invertebrados y almejas, como por ejemplo la Margaritifera auricularia, única población que todavía queda en el mundo. Además, en el río conviven varias especies de peces autóctonos, como la anguila, el barbo, la carpa y la lisa, y otras introducidas por el hombre, como el siluro y la gambusia. El ambiente fluvial, igual que la extensa red de riego que transporta el agua dulce por todo el Delta, constituye un ambiente favorable para los anfibios, las serpientes y las tortugas acuáticas, entre otras, que encuentran allí lugares de alimentación y refugio.


Fuente: Parque natural del delta del Ebro

Con 21.000 ha de cultivo, el arrozal es el ambiente que domina la fisonomía del Delta y representa un ecosistema de gran importancia, ya que la necesidad de estar inundado de manera permanente durante todo el proceso productivo hace que actúe como un humedal temporal. Esta presencia de agua dulce favorece que los arrozales estén poblados por miles de organismos (algas, crustáceos, insectos…), que se convierten en un recurso alimentario para la subsistencia de una parte muy importante de la avifauna, sobre todo de los ardeidos, los láridos y los anátidos.

El ciclo del arroz se inicia en noviembre, cuando tras la cosecha se cierra el paso del agua y empieza la desecación de los campos. En invierno, miles de patos, limícolas, fochas, ardeidos y gaviotas llegan para alimentarse. En abril, los campos se inundan hasta que la llanura parece un inmenso espejo, donde vuelven las aves migratorias, los peces y los anfibios; es el momento de sembrar los campos. En junio, los arrozales ya han crecido y están verdes. En agosto, la época de cría ya ha pasado, los polluelos y los adultos se refugian del calor, bajo las espigas doradas. En septiembre empieza la cosecha, mientras las aves estivales se van y llegan las invernantes.

Junto con la planta del arroz, crecen otros vegetales que el labrador local denomina malas hierbas, las cuales, igual que el arroz, tienen un origen tropical de procedencia africana, asiática o afroasiática. Las más comunes son la chufa (Cyperus longus), el mijo (Echinochloa crus-galli), Ammananida coccinea y Potamogetum nodosus.

En definitiva, el cultivo del arroz, además de permitir la conservación del ecosistema y el equilibrio de la ornitofauna del Delta, tiene una función importantísima de control y reducción del índice de salinidad del suelo y, evidentemente, su continuidad es básica y vital para el mantenimiento de la gente del Delta.


Fuente: Parque natural del delta del Ebro

Invertebrados

La diversidad de hábitats y el clima húmedo y moderado favorecen la aparición de muchos  invertebrados. Las sanguijuelas eran tan abundantes que las piernas tenían que estar bien cubiertas en los arrozales y, además, cada año se exportaban centenares de miles a lugares muy remotos.

Mientras que algunas especies han desaparecido, como el hemíptero Naucoris maculatus (conocido en el Delta como cutimanya), crece el número de ejemplares del crustáceo Procamburus sp. (el cangrejo de río americano).

Los mosquitos, el insecto más conocido y característico, han provocado que ya desde 1917 (a petición de la Mancomunidad de Cataluña) se luche sistemáticamente contra el paludismo, endémico en el sector. Hay infinidad de especies de lepidópteros que atacan los conreos y algunas son interesantes desde el punto de vista zoográfico, como la Chilo supressalis, la Borbo zelleri o la excepcional presencia de Danaus sp. En los arrozales hay muchas especies de pequeños e interesantes crustáceos, como la Apus cangriformis.

Con una base de fauna entomológica tan extensa, hay una buena representación de predadores: araneidos como la Argiope lobata u odonatos como las libélulas (Libellula sp.) y los Calopterix sp. Al atardecer, en verano, bandadas de efímeras (Polymitarcis virgo) se precipitan a los puntos de luz.

Los coleópteros también gozan de una nutrida representación y su papel en los diferentes ecosistemas resulta primordial: Hydrophilus en los arrozales y sus agresivas larvas, Pimelia en los arenales, Scarabeus, Anoxia, Amphimalon, Elenophorus, etc.


Amfibios

Con respecto a la herpetofauna, destacamos las numerosas serpientes de agua. Sin embargo, las tortugas son poco frecuentes y las ranitas meridionales (Hyla meridionalis) casi están extinguidas; tan sólo la rana común (Rana perezi) mantiene una población elevada.

Entre los sapos encontramos el común y el de espuelas. El discoglossus está repartido aisladamente por todo el Delta.

Las lagartijas (Podarcis hispanica) están en todas partes y en las playas corretean lagartijas colilargas (Psammodromus algirus) y otras especies (como la Acanthodactylus erythrurus). Las salamanquesas comunes son escasas y las rosadas (Tarentola mauritanica y Hemidactylus turcicus) se concentran en las edificaciones.


Avifauna

La avifauna del Delta es la más característica y su importancia cuantitativa y cualitativa rebasa el interés local y tiene una gran importancia internacional. Por ello, el Delta de l’Ebre se perfila en diversas convenciones como una zona de máximo interés para colonias de cría, anátidos, limícolas y aves marinas, y para el paso de aves migratorias invernantes, siempre incluida en la categoría A, de prioridad de protección urgente.

Este hecho resulta evidente sobre todo en otoño; entre octubre y noviembre, tras recoger el arroz, los campos aún están anegados y miles de aves acuáticas, que pasan en migración o inician su invernada, los invaden. En el caso concreto de los patos, durante los meses de noviembre de 1980 y 1981 se contaron más de 75.000 ejemplares, además de unas 16.000 fochas. La situación normal en otoño es una media de 53.000 patos y 13.000 fochas, y en invierno 26.000 y 5.000 respectivamente. Esas cifras representan más del 90% de los patos de Cataluña en invierno y un 10% de los invernantes en la Península Ibérica.

Especies de gran interés son, entre otras, el pato cuchara (Anas clypeata) y el silbón europeo (Anas penelope), aunque el grueso importante de ejemplares lo compone el ánade real (Anas platyrhyncos).  También es interesante citar el tarro blanco (Tadorna tadorna), el ánade friso (Anas strepera), la cerceta común (Anas crecca) y el porrón común (Aythya ferina).

Dentro de otros grupos de pájaros resulta interesante mencionar el aguilucho lagunero (Circus aureginosus), el búho campestre (Asio flammeus), el avetoro (Botaurus stellaris), el avetorillo (Ixobrychus minutus), el martinete (Nycticorax nycticorax), la garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), la garcilla bueyera (Bubulcus ibis), la garceta común (Egretta garzetta), la garza real (Ardea cinerea), la garza imperial (Ardea purpurea), el flamenco (Phoenicopterus ruber), el somormujo lavanco (Podiceps cristatus), el rascón (Rallus aquaticus), la polluela chica (Porzana pusilla), la folcha común (Fulica atra), el ostrero (Haematopus ostralegus), la cigüeñuela (Himantopus, himantopus), la avoceta (Recurvirostra avosetta), la canastera (Glareola pratinicola), la gaviota picofina (Larus genei) y la gaviota de Audouin (Larus audounii), entre muchas otras.

El número de ejemplares de pájaros varia entre los 50.000 y los 100.000 distribuidos en unas 330 especies que representan el 60% de las especies de Europa, y con una nomenclatura local que incluye unos 250 nombres y la convierte en una de las más ricas del mundo.


Peces

Los peces son abundantes por el importante papel que el agua tiene en el Delta y por los distintos grados de salinidad, que van desde los niveles insignificantes de los ullals hasta el mar, pasando por las confluencias del río con éste. El número de esturiones y lampreas ha decrecido drásticamente, así como el de alosas (Alosa sp.). No obstante, han aparecido especies nuevas como la perca negra (Micropterus salmoides), el lucio (Esox lucius), el pez gato (Ictalurus nebulosus) y el siluro (Silurus glanis).

Además de esas especies, más bien escasas, hay otras muy abundantes: mugílidos, ciprínidos, serránidos, etc. de las que se pescan cientos de toneladas cada año. Las anguilas siempre han sido una pesca tradicional (de 30 a 50 toneladas anuales y más de 5 t de angulas). Las especies marinas de mojarras, corvinas, verrugatos y salmonetes también han dado justa fama al litoral deltaico.


Mamíferos

En lo que se refiere a los mamíferos, la intensa humanización del Delta provoca una presencia esporádica de grandes mamíferos (como en el caso de jabalíes y tejones), aunque consta la presencia de ciervos y corzos en épocas anteriores.

Actualmente, hay algunos conejos comunes y se crían zorros; quedan pocos ejemplares de nutrias, erizos y comadrejas. Son muy abundantes las ratas de agua, los ratones y las musarañas (Crocidura sp.). El poblamiento de murciélagos, muy abundante en el pasado, ha decrecido considerablemente.


Fuente: Parque natural del delta del Ebro

El poblamiento vegetal del delta del Ebro, por sus peculiares características, es único en las tierras catalanas, no tanto por su potencial cuantitativo (los últimos catálogos dan más de 700 especies), como por la rareza de sus comunidades vegetales.

Los salobrales o sosales, con plantas muy adaptadas a la sal que se concentra en sus tejidos lo que les permite mantener una elevada presión osmótica para evitar la desecación, se encuentran, sobre todo, en los puntos de contacto del Delta con el mar, a debido a la salinización producida por la acción directa del mar y la salinidad de la capa freática.

En estos salobrales aparecen a menudo dunas más o menos fijadas por la vegetación. En una primera etapa se encuentra el borrón, utilizada para construir los techos de las barracas, y la lechera marina, luego se diversificando el poblamiento, con un primer anillo de Sporolobus arenarius, por arriba los lirios de mar y en las zonas más elevadas y maduras, Ononis natrix, Thymelaea hirsuta, Saccharum ravennae, y, en la zona deltaica septentrional, aparece, en la última etapa, la rara Limoniastrum monopetalum.

Los cañaverales se encuentran en buena parte de la superficie deltaica, donde hay una capa freática muy elevada menudo cubierta por el agua, con plantas muy características: el carrizo y la caña vana, acompañados por algunas correhuelas. En los lugares con agua más profunda y estable aparecen las Sisques bordes, Bovesia Sisquer. Estas dos últimas plantas han sido objeto de explotación (para fabricar asientos de sillas, alfombras, cestas, etc.)

En el interior de las masas de agua de los estanques hay macrófitos directamente relacionados con la riqueza ornitológica y piscícola de estos hábitats.

Los bosques de ribera, única comunidad forestal deltaica, aparecen en los bordes del Ebro, donde el terreno es más elevado, y la presencia del agua constante. La alameda ocupa los puestos más altos y en las partes más bajas aparece el salzerar, pero abundan los alisos, fresnos, olmos, las mimbre (o mimbreras) y otros árboles de carácter subespontáneo, como los chopos, los eucaliptos, las robinias , los plátanos y especies de interés como la madreselva de río. En el lado de influencia más marina, el bosque se va empobreciendo hasta que sólo quedan los tamarindos.

A los ojales se hacen nenúfares como la nimfea blanca, lenguas de oca, las que crean graves problemas a la agricultura por cuanto invaden los canales y hasta los mismos arrozales.

De hecho, los arrozales se comportan como pequeñas balsas buena parte del año, y además de las plantas mencionadas, encontramos la enea, el llaponet de pato, la utrículo y otros que han sido considerados los vegetales adventicios más notables de esta flora: el melocotonero, el aufàbiga y el aufabigueta.


Fuente: Parque natural del delta del Ebro

Situado en la zona de detrás de las dunas, al límite con la playa, el salobral o sosar es un ambiente que está bajo la influencia directa del mar. Los suelos arcillosos-limosos que ocupa están a menudo inundados y, por lo tanto, el grado de salinidad es muy elevado. En este ambiente crecen las plantas halófilas, que tienen dos estrategias de adaptación: por un lado, las que acumulan sales y agua en sus tejidos, como por ejemplo las salicornias, y por otro, las que excretan activamente la sal, como los limoniums. Estos ambientes presentan uno de los grupos de vegetación más amenazados en Europa, por lo que el delta del Ebro está considerado de importancia internacional para la conservación de este tipo de hábitats. Aquí perviven algunas plantas de gran interés, como la sosa alacranera, el limonium, la verdolaga y la sosa de flor, que solo crece en el hemidelta sur.

Los sosares son, además, el lugar de cría de especies de interés como el chorlitejo patinegro, la perdiz de mar y el charrán pequeño, y son el lugar de alimentación para los limícolas y varios grupos de aves marinas.

En las zonas próximas al mar las tierras quedan muchas veces inundadas durante meses. Con la evaporación, sube la concentración salina del suelo hasta que se forman los cristales en la superficie y se produce de manera natural la sal.

Actualmente, la única salina del Delta productiva comercialmente es la de La Trinitat, en la punta de La Banya, con una producción anual de 50.000 t. Las salinas son el hábitat de microorganismos, como pequeños gusanos y crustáceos, que alimentan a especies tan valiosas como el flamenco, la avoceta y el tarro blanco.


Fuente: Parque natural del delta del Ebro

Los ojales son afloramientos de agua dulce que aparecen en las zonas de turberas. Estas surgencias se originan a partir de las aguas de la lluvia, que se infiltran a través de las rocas permeables de las montañas. Al chocar con los sedimentos impermeables, el flujo de agua subterránea emerge a la superficie y se forman unas pequeñas balsas circulares, que sugieren la forma de un ojo, de donde viene el nombre de ojales.

En el Delta, los ojales se sitúan al límite entre la llanura deltaica y el continente, y se forman a partir de las lluvias de la sierra de El Montsià y de Els Ports. Tienen una profundidad que oscila entre los 2,5 y los 6 m, y un diámetro que va de los 5 a los 55 m. En cuanto a la flora y la fauna, presentan diferencias notables con el resto de la llanura deltaica. Las especies que se adaptan a este microhábitat necesitan las condiciones de las aguas dulces y cristalinas y su temperatura constante durante todo el año, que es de 17-18 °C. Su flora es muy peculiar, con el sorprendente nenúfar blanco y la utricularia, única planta insectívora del Delta. Los ojales son, además, el hábitat de varias especies de peces, entre las que destacan el blenio de río, el fartet y el samarugo, especies endémicas de la península Ibérica, que están en peligro de extinción.

La fertilidad de las tierras de turba que rodean los ojales ha condicionado su aprovechamiento para la agricultura, lo que dificulta su conservación.


Fuente: Parque natural del delta del Ebro

Las lagunas del Delta son balsas litorales conectadas directamente con el mar y rodeadas por los arrozales, circunstancias que determinan su delimitación de la frontera entre el medio marino y el medio acuático continental. Estas lagunas de naturaleza salina reciben durante el ciclo productivo del arroz, de marzo a octubre, grandes aportaciones de agua dulce, lo que provoca oscilaciones en el nivel de salinidad. Esta variación de niveles y de profundidad, que normalmente es de 40 a 100 cm, hace que los vegetales que ocupan estos ecosistemas sean diversos según sus preferencias acuáticas. De este modo, encontramos los helófitos, que pueblan los márgenes de este ambiente, y los hidrófitos, que son los vegetales que crecen completamente sumergidos en el agua. En las zonas más profundas se forman praderas de macrófitos, plantas que reciben el nombre local de llapons y que, junto con los organismos microscópicos que allí se desarrollan, son el alimento de muchos peces y aves.

Las balsas son un gran escaparate durante todo el año de la ornitofauna del Delta. En invierno, grandes concentraciones de anátidos, fochas, cuervos marinos y flamencos se complementan en primavera y en verano con las colonias de cría de ardeidos y fumareles.

La laguna es uno de los ambientes con mayor variabilidad ictiológica por la relación que se establece con los cambios de las condiciones fisicoquímicas de sus aguas. Especies como lisas, lubinas, doradas, anguilas, lenguados y carpas pueblan la balsa y son capturadas por los pescadores de la Cofradía de Sant Pere, que tiene la concesión de la pesca en las lagunas desde el mes de octubre hasta marzo.


Fuente: Parque natural del delta del Ebro

En el Delta, el litoral está formado por dos ambientes marinos diferenciados: por un lado, el Mediterráneo se proyecta en un mar abierto, y por el otro, dos penínsulas de arena van cerrando el mar, formando dos bahías, la de El Fangar y la de Els Alfacs.

Las aguas de la costa, expuestas a una gran renovación, son ricas en nutrientes, que alimentan la gran concentración de algas planctónicas que constituyen la base de la cadena trófica marina, formada por una gran variedad de grupos zoológicos.

En el interior de las bahías las aguas son más tranquilas y estancadas. La profundidad varía de 1 a 8 m y el fondo está cubierto de extensas praderas de algar. Estas condiciones favorables son aprovechadas tanto por las aves marinas que encuentran allí su alimento como por el hombre, que, además de explotar los recursos directamente, instala plataformas de cultivos marinos, principalmente mejillones.


Fuente: Parque Natural del delta del Ebro

Cuando los sedimentos transportados por el río entran en contacto con el mar, van perdiendo fuerza y el oleaje marino se encarga de depositarlos y redistribuirlos a lo largo del litoral, formando la playa. En el Delta encontramos extensas playas arenosas, donde se ha originado el paisaje dunar más extenso de Cataluña, que sin duda se ha convertido en el ambiente que aporta más importancia internacional al Parque por su excepcional estado de conservación. Las dunas dependen de su proximidad al mar y de la influencia de los vientos, que transportan los sedimentos de las playas tierra adentro formando pequeños promontorios de arena. Este efecto y este dinamismo hacen imposible el arraigo de cualquier tipo de vegetación y dan lugar a las dunas móviles.

Lejos de esta influencia, las dunas son más estables y aparecen unas comunidades vegetales, denominadas psamófilas, que tienen que adaptarse a las duras condiciones de vida que imponen las particularidades físicas del sustrato: una cierta movilidad del suelo, una alta permeabilidad y un elevado índice de reflexión solar. Estas plantas, como por ejemplo la cizaña de playa, el borrón y el lirio de mar, crecen sobre las dunas más elevadas. Tras las dunas se forma una espléndida comunidad vegetal, que en primavera y en verano presenta flores de una extraordinaria belleza, como por ejemplo la uña de gato y la verdolaga.

La fauna de las dunas es muy variada con la presencia de algunos coleópteros de gran tamaño, así como de algunos reptiles, como la lagartija colirroja y la lagartija colilarga. Las playas y dunas acogen grandes concentraciones de charranes, gaviotas y limícolas, que utilizan estos espacios para hacer sus nidos y para alimentarse tanto en el interior del mar como en la zona en que rompen las olas.


Fuente: Parque natural del delta del Ebro

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