HISTÒRIA I CULTURA

Historia y Cultura

Casi podríamos afirmar que historia e historia natural son el Delta una misma cosa. La población y el aprovechamiento de los recursos de la llanura deltaica han ido siempre a remolque de su metamorfosis constante. Más tarde, la introducción de los canales para riego significaron el impulso principal. La privatización de las tierras no fue, sin embargo, equitativa.

La continua progresión de la línea de costa, las sucesivas gargantas del Ebro y los puertos resultantes, la ampliación de la superficie con nuevos recursos para caza, pastoreo, salinas, recolección de barrilla y regaliz, la formación de balsas con más posibilidades de pesca o exportación de sanguijuelas, los canales de navegación que irremisiblemente debían ser para riego y, finalmente, la progresiva ampliación de una extensa red hidráulica fueron los factores decisivos del periódico asentamiento del hombre, la mujer y sus niños ocupante y transformando con sacrificio gigantesco el delta del Ebro. La ayuda de los animales de carga fue imprescindible, y aunque se les admira hoy en día. De este modo se ha cumplido la gradual historia del Delta, ligada en torno a la familia, máximo motor e institución.

Hay que diferenciar, sin embargo, un primer asentamiento mucho más antiguo que tiene lugar siguiendo la desaparecida línea de costa y una posterior ocupación de la llanura deltaica, a medida que el aprovechamiento de los recursos la hace cada vez más atractiva. Tribus ilercavòniques, romanos y árabes vivieron en tierra firme, ya la edad media los condes de Barcelona conquistan estas tierras y las repueblan gracias a la fiel intervención de los órdenes del Temple y los hospitalarios. Se rehacen torres de vigilancia o se hacen nuevas, dispuestas según el corredor costero donde se fundan los futuros municipios actuales.

A comienzos de la edad moderna, como en el resto del Estado, son expulsados ​​primero los hebreos y luego los moriscos de estas tierras -por puerto de los Alfaques marchan unos 40.000 musulmanes procedentes de Aragón, aunque muchos se refugian aquí y dejan valiosos testimonios. De hecho, el delta del Ebro debe a los musulmanes, entre otras cosas, la construcción y la ampliación del azud de Xerta (1552), de donde más tarde llegan los vivificador canales.

Durante el siglo XVI se edifican nuevas torres de defensa -Torre del Ángel Custodio, torre de San Juan …- a la orilla del mar para el control de la piratería turca. Junto a estas torres también surgen pequeños núcleos de población dentro de la plana, pero es en las orillas centrales del río, más elevados y poco salobres, donde se establecen poco a poco la mayoría de los ribereños. Un ejemplo de ello es la construcción de la primitiva capilla de la Cava (Deltebre), en 1710. Otros núcleos de población surgen junto a las salinas ya desaparecidas, o de los antiguos caminos por donde bajaban los rebaños, trazados por los lligallos, institución medieval que además regulaba los usos y costumbres entre los pastores y las paradas públicas de ganado. El pasto de bueyes y ovejas que, en un principio, caracterizaba el delta del Ebro pasa después a un segundo término.

Un momento clave, desgraciadamente fracasado, es el 1770-1780, cuando Carlos III pretende con el canal de navegación y los planos de «Nueva Población» hacer de la pequeña Ràpita un nuevo núcleo portuario de crecimiento llamado San Carlos de la Rápita.

Pero el gran cambio histórico que propulsa el crecimiento demográfico del delta del Ebro se produce cuando se inicia el riego de las tierras baldías intentando transformarlas en campos de arroz, a pesar del miedo a los mosquitos y el paludismo ( «la pasa »), las catastróficas riadas y otras penalidades. Con la apertura de los canales, seguida de fuertes brotes de paludismo, hasta 1918 murieron unas 3.000 personas.

En cuanto a períodos, por tanto, la divisoria también es muy clara: antes y después de los canales de riego. Esto quiere decir en 1860 para el hemidelta derecho y en 1912 para el hemidelta izquierdo, en el que los primeros canales dan paso a una expansión de tierras de cultivo, seguido de un manifiesto crecimiento demográfico en todo el Delta: los 5.278 habitantes en 1857 se pasa a los 20.013 en 1930!

Antes de los canales, una economía primaria y extractiva, basada en el aprovechamiento de los recursos naturales -pesca, caza, recolección, salinas …-; después de los canales, un intenso aprovechamiento agrícola con reminiscencias del periodo anterior.

Esta mezcla aislada de actividades -pastores, cazadores, pescadores, agricultores o navegants- llevadas combinadamente a cabo por gente venida de todo explica el carácter diferenciado, heterogéneo y abierto de la gente del delta del Ebro. Explica también muchos aspectos culturales, de habla, indumentaria, danza o comidas elaboradas en una síntesis autóctona ya la vez forastera. Los 250 nombres locales para los pájaros -una de las nomenclaturas locales más ricas del mundo- son un buen ejemplo.

Hay que advertir, sin embargo, que el aprovechamiento del delta del Ebro no ha sido equitativo. La marcada diferencia entre grandes propiedades y las innumerables pequeñas explotaciones familiares que han perdurado hasta hoy -el 60% de las más de 3.000 explotaciones arroceras actuales no superan las 4 hay- viene de muy lejos. Ya desde el 1719 con las primeras concesiones reales de latifundios para cosechar la barrilla, junto con las precipitadas desamortizaciones del siglo XIX, que subastaban los «prados baldíos», y las posteriores ventas fáciles a los escasos adinerados son las principales causas de la desigual privatización los terrenos estatales, despreciados antes de los canales. Esto provoca una marcada diferencia en la estructura de la propiedad: una inmensa masa de braceros que con su esfuerzo redimieron la Ribera, y fueron comprando poquito a poquito un trozo de arrozal, donde edificaron la casa -así s ‘explica también el porqué de la población dispersa-, a los dueños que poseían las tierras y vivían más lejos. Sin embargo, la gente del delta del Ebro siempre se han sentido orgullosos de su esfuerzo y de los resultados que ahora todos admiramos: los ilimitados campos de arroz.

Fuente: Web parque natural del delta del Ebro

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