HIDROLOGIA I GEOLOGIA

Hidrología y Geología

El origen del delta del Ebro hay que buscarlo justo en el momento en que el río Ebro, el más caudaloso de la Península Ibérica y responsable de este entorno, aporta los materiales arrancados a lo largo de su recorrido para depositarlos aquí, en la conjunción con el Mar Mediterráneo, atravesando el extremo SW de las Montañas Cataladíniques. Los sedimentos son, por tanto, los materiales provenientes de los Pirineos, del sistema Ibérico y de la cordillera Cantábrica, lugar donde nace el río y sus afluentes. La cantidad de materiales sedimentados han creado una extensa llanura aluvial de más de 320 km² de superficie que se proyecta cerca de 22 km dentro del mar en forma de cuña y en la que se han formado numerosos hábitats. Las grandes centrales hidroeléctricas han creado grandes presas que han frenado el crecimiento del delta.

La actual forma del delta es triangular con dos flechas menores, una al norte y otra al sur, que delimitan las bahías del Fangar y de los Alfacs. El río atraviesa el Delta por el centro y desemboca en el mar en dos brazos que rodean la isla de Buda. El brazo sur (garganta de Migjorn) se cierra periódicamente, aunque cuando el río baja fuerte puede volverse a abrir. El brazo norte se subdivide en uno superior permanentemente abierto y uno central permanentemente cerrado. Ambos limitan la isla de San Antonio. Esta configuración del delta no ha sido siempre así, ya que es un sistema dinámico, vivo, que a lo largo del tiempo ha adquirido diversas formas y ha sufrido modificaciones en la trazada de los brazos del río y en el número de éstos. El del Ebro es un ejemplo de delta donde se puede constatar tanto la influencia de las aportaciones fluviales como los procesos marinos costeros. El río Ebro es de una gran irregularidad en la descarga de sedimento, ya que experimenta grandes crecidas y pasa por períodos de estiaje muy marcados.

Los temporales de levante y los procesos costeros intervienen y han intervenido en gran manera en la evolución deltaica, y por ello el perfil del delta ha ido variando con el tiempo. El verdadero desarrollo del delta actual se inició al final de la última glaciación, cuando el nivel del mar ascendió hace unos 18.000 años, momento en que el nivel del mar se encontraba a unos 120 m por debajo de la actual. El ascenso eustático (periodo glacial Würm) del nivel del mar, asociado al calentamiento general del planeta, la ha hecho llegar a la configuración actual.

Es tiene constancia que en el siglo XII el delta ya penetraba mar adentro. En el siglo XV del Ebro tenía tres desembocaduras -la norte, la de levante y la de migjorn- que desaguaban respectivamente a la laguna de las Ollas, en la desembocadura norte actual ya la laguna de la Platjola. En los siglos XVII y XVIII el río continuaba teniendo tres desembocaduras y ya se estaba formando el Cuerno, si bien era de menos extensión que la actual. El cierre de las bahías durante los siglos XVIII y XIX formó las lagunas litorales del Canal Viejo, la Encañizada y la Cerrada, y la saeta litoral norte del Fangar. Esta evolución configuró el actual delta que es el único perfectamente establecido los Países Catalanes y de toda la península Ibérica. Así, las lagunas litorales son restos de antiguas desembocaduras o del cierre de bahías. Las actuales flechas litorales podrían cerrarse y las bahías del Fangar y de los Alfacs podrían transformarse en lagunas litorales que posteriormente se irían llenando. De todas formas, y tal como se ha dicho antes, la construcción de embalses río arriba ha provocado una disminución notable de la aportación de sedimentos, que se han reducido hasta el 15% de los aportados en 1935 y el 1% los aportados a principios del S.XX., lo que puede modificar determinadas tendencias de crecimiento de este delta que el río se encarga de agrandar y el mar de erosionar.

Durante buena parte del Paleógeno y del Neógeno, la cuenca del Ebro conformó un sistema endorreico, cerrado en el Mediterráneo. La apertura de la cuenca terciaria del Ebro fecha de unos 5,3 millones de años. Las primeras evidencias geológicas corresponden a la presencia de los primeros conglomerados poligénicos de origen fluvial en el tramo inferior del valle del Ebro y en la finalización de la sedimentación evaporíticos en la cuenca terciaria del Ebro. Los sedimentos correspondientes al plioceno medio y superior (aproximadamente de unos 3,5 millones de años) ponen de manifiesto una primera progresión costera ligada al río Ebro. El delta pliocénicos debía tener una extensión igual o superior a la actual, tal como muestran las secuencias estratigráficas obtenidas a partir de los sondeos petroleros cercanos a la costa del delta. Algunos estudios recientes sugieren que los procesos deltaicos han tenido continuidad a lo largo de todo el cuaternario, comprendiendo los últimos 1,8 millones de años. Sin embargo, durante el periodo holocénico se produjeron cambios en la localización y en la superficie de tierra emergida causados ​​por las variaciones del nivel del mar asociadas a las fluctuaciones glaciares.

La característica alternancia climática del Holoceno (glacial-interglacial), con las consiguientes variaciones cíclicas del nivel del mar, determinó la alternancia de períodos deltaicos progradatius y regresivos. El máximo Hasta tiempos recientes, la hipótesis más aceptada para explicar el desarrollo de la actual delta durante el Holoceno superior partía de una situación inicial con una costa de tipo actuario, como producto de la inundación en el último ascenso eustático del mar. En otro caso, una reconstrucción más documentada del desarrollo deltaico durante los últimos tres milenios muestra que en el Holoceno superior el delta del Ebro ya debía tener una considerable extensión y sugiere que el frente deltaico sobrepasaba la actual isla de Gracia). A partir del último milenio, los datos cartográficos son más abundantes y permiten una reconstrucción mucho más cuidada. Durante los siglos VI y X, tuvo lugar el máximo desarrollo del lóbulo meridional (Riet Vell), el cual probablemente alcanzó una penetración máxima de unos 25 km mar adentro. El primer mapa que cubre esta área se publicó en 1580 (Atlas de Mercator-Hondius) y muestra claramente el importante desarrollo del lóbulo septentrional (Arroyo de la Saida). El abandono del lóbulo meridional tuvo como consecuencia directa el retroceso de la línea litoral de este lóbulo, así como también la formación de la punta del Cuerno y la barra del Trabucador, proceso que se prolongó durante los siglos posteriores. Hacia el año 1700, cuando el lóbulo septentrional ya había alcanzado el máximo desarrollo, tuvo lugar un nuevo cambio de desembocadura cerca de la actual población de la Cava. Este cambio, posiblemente favorecido por el hombre, provocó el relleno de la bahía que había entre los lóbulos meridional y septentrional, así como el desarrollo del lóbulo central. Los mapas de los siglos XVIII-XIX muestran la rápida progresión del lóbulo central, la génesis de la punta del Fangar (producto del abandono y la erosión del lóbulo septentrional) y la remodelación de la punta del Cuerno.

Finalmente, durante los siglos XX-XXI se ha producido una relativa estabilización de la morfología deltaica, causada en buena parte por las modificaciones hidrológicas realizadas por el hombre en la cuenca. El desarrollo del delta del Ebro durante el último siglo está determinado por dos hechos: la apertura en 1937 de una nueva desembocadura (garganta de Sorrapa) y el incremento del número de embalses en la cuenca del Ebro, que retienen cerca del 99,9% del transporte de sedimentos del río. La apertura de la garganta de Sorrapa ha provocado la formación de la laguna del Garxal. Por otra parte, el balance sedimentario negativo existente en la garganta de Levante ha ocasionado el retroceso de la línea de costa al cabo de Tortosa, medido en unos 1.500 m durante el periodo 1957-89, es decir, unos 70-80 m año-1.

Durante el siglo XX se han construido unos 200 embalses en toda la cuenca del Ebro, lo que ha provocado la retención de aproximadamente el 99,9% de la descarga sólida que llevaba el río a finales del siglo XIX y una disminución de la frecuencia y la magnitud de las riadas. Las consecuencias de este cambio se expresan en dos tipos de déficit sedimentario:

a) déficit en el ápice del lóbulo actualmente activo (garganta de Sorrapa).

b) déficit en la llanura deltaica.

El déficit sedimentario a la actual desembocadura ha conducido a una parada del crecimiento del delta en esta zona, área en la que se debería producir el máximo desarrollo en condiciones naturales. En esta situación, las fuerzas marinas prevalecen sobre los impulsos constructivos fluviales y el contorno deltaico va tomando progresivamente un nuevo perfil de equilibrio, regido principalmente por las condiciones de oleaje. Dado que el balance sedimentario actual de arenas es nulo (considerando globalmente todo el delta), no se produce una pérdida de la superficie total emergida, sino una redistribución de los sedimentos litorales. En este sentido, se pueden identificar áreas regresivas, las cuales son compensadas por un crecimiento en otras zonas, sobre todo en las flechas litorales (punta del Fangar, punta del Cuerno).

Otro efecto importante de los embalses es la laminación de las avenidas fluviales, lo que provoca una disminución de los aportes sedimentarios sobre el conjunto del delta. Este déficit sedimentario en sentido vertical hace que el balance entre la acreción vertical y la subsidencia sea negativo en la mayor parte de la llanura aluvial. La subsidencia es un proceso natural que afecta a todas las zonas sedimentarias y se produce por la compactación, la consolidación y la deshidratación de los sedimentos, así como también, a veces, por el hundimiento tectónico del zócalo sobre el que reposa el cuerpo sedimentario deltaico. En las áreas litorales, la disminución de la elevación del terreno ocasionada por la subsidencia es incrementada actualmente por el ascenso eustático del nivel del mar por efecto del calentamiento climático. En el delta del Ebro, la subsidencia media a lo largo de todo el cuaternario ha sido medida en unos 0,09 hasta 0,3 mm año-1. Para periodos más cortos (últimos cientos de años), la tasa aumenta hasta una media de 3,2 mm año-1. Otras estimaciones a plazo más corto (decenas de años) dan valores comprendidos entre 3 y 6 mm año-1, en las zonas más modernas, y entre 1 y 2 mm año-1, a las más antiguas.

Actualmente podemos distinguir en el delta del Ebro tres tipos de ambientes sedimentarios: la llanura deltaica, los ambientes litorales y los ambientes marinos.

La llanura deltaica comprende la mayor parte de las tierras emergidas e incluye dos tipos de medios sedimentarios: los ambientes fluviales y los ambientes lacustres y palustres. Los primeros están representados por los canales fluviales y las motas naturales que los bordean (levas), formados por arenas de granulometría media y por limos. Los ambientes lacustres y palustres se localizan en las zonas húmedas regularmente o permanentemente inundadas, en general asociados a las masas de agua de las lagunas litorales, marismas y colmillos.

Los ambientes litorales y de transición son ambientes sedimentarios de influencia fluvial en los que se produce un retreballament, más o menos intenso, de los sedimentos por parte de los agentes marinos (oleaje y temporales). Estos ambientes están representados básicamente por el frente deltaico, formado por las barras arenosas en forma de media luna y asociadas a la progradación deltaica, cerca de la actual o de las antiguas desembocaduras. Los materiales que las forman presentan una granulometría bastante homogénea, básicamente arenosa. Las playas, las barras litorales y las flechas son formaciones litorales holomarines, originadas a partir del frente fluvial deltaico, las cuales son remobilitzades por el mar, o bien a partir de la erosión de los antiguos lóbulos deltaicos.

Los ambientes marinos se pueden clasificar en ambientes de bahía, de prodelta y de plataforma.

El ambiente de bahía se desarrolla en las masas de agua marina que quedan confinadas por las flechas litorales, aunque quedan conectadas ampliamente con el mar abierto por gargantas permanentes.

El ambiente de prodelta se localiza en los ambientes sumergidos litorales y constituye la transición entre los sedimentos fluviomarins y los marinos. Está formado principalmente por materiales terrígenos hasta con un notable contenido de materia orgánica de origen terrestre.

El ambiente de plataforma continental se localiza en mar abierto, a una profundidad superior a los 100 m, y es un ambiente sedimentario relicto, asociado al último descenso eustático postglacial.

Font: Web parc Natural del Delta de l’Ebre

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